| LAS
RAZONES PARA EL NO DE IZQUIERDA UNIDA
Referéndum 20 de febrero de 2005
El Gobierno Zapatero ha convocado para el próximo
20 de febrero un referéndum sobre el Tratado Constitucional
para la Unión Europea firmado por los jefes de estado
y de gobierno de los estados-miembros comunitarios el pasado
29 de octubre en Roma.
Izquierda Unida, así como todos los partidos de la
izquierda alternativa europea, y muy especialmente el Partido
de la Izquierda Europea, llama a votar NO contra este proyecto
que intenta hacer ley las políticas neoliberales contra
las que se movilizan los trabajadores europeos desde 1995
y el movimiento antiglobalización desde el Foro Social
de Génova.
En este referéndum se enfrentan dos modelos de sociedad
y de construcción europea: el de las políticas
neoliberales que apoyan en su versión “salvaje”
el PP y con “rostro humano” el PSOE, y una Europa
al servicio de los trabajadores y de los pueblos de la izquierda
alternativa.
Por eso es importante llevar a nuestros amigos, familias,
compañeros de trabajo y organizaciones sociales este
debate sobre el futuro de Europa. Más del 70% de las
leyes que rigen nuestras vidas, especialmente en el área
económica, se deciden hoy en Bruselas. Nuestro horizonte
no puede ser ya otro que el de construir una Europa unida
y progresista. Izquierda Unida, que es heredera de las mejores
tradiciones europeístas de la izquierda, quiere defender
el NO a este Tratado Constitucional neoliberal para poner
las bases de otra Europa alternativa, que no solo es posible
sino necesaria.
1. Un Tratado entre estados no puede ser nunca una
constitución de ciudadanos
Tenemos que comenzar denunciando que este Tratado es un acuerdo
diplomático entre los estados miembros para el funcionamiento
de la Unión Europea y no una auténtica Constitución,
que nosotros exigimos para Europa.
Una Constitución es un pacto cívico y social
por el que los ciudadanos confieren su soberanía a
una administración política para que les gobierne
democráticamente aplicando las leyes que se otorgan
en un parlamento elegido por todos. Para que una constitución
sea verdaderamente democrática, los ciudadanos no solo
tienen que ser iguales ante la ley, sino poder gozar de unas
condiciones materiales de bienestar social que les permitan
ejercer su control político sobre las instituciones.
Pero este Tratado, lejos de representar la voluntad de los
ciudadanos europeos, expresada a través del Parlamento
Europeo, ha sido elaborado por un grupo de especialistas,
tecnócratas y representantes de grupos políticos
y después corregida y adoptada por los Jefes de Estado
y de Gobierno. El verdadero sujeto de este Tratado no son
ni los ciudadanos ni los pueblos de Europa, sino los estados
miembros tal y como existen hoy en día.
Este déficit de legitimidad y representatividad democrática
de la Unión Europea se expresa continuamente en la
alta abstención en las elecciones y referendos comunitarios.
Este Tratado, lejos de ser un acto soberano de los ciudadanos
europeos, es más bien una carta de otorgada por los
Gobiernos que especifica los limites que imponen a la soberanía
ciudadana europea para controlar las instituciones europeas,
sobre todo el Consejo (las reuniones de los ministros), la
Comisión, el Banco Central Europeo y el Tribunal de
Estrasburgo.
Izquierda Unida defiende que son los ciudadanos europeos,
a través de un Parlamento Europeo con amplios poderes,
los que deben ser el verdadero sujeto de la construcción
europea. Este Tratado Constitucional que nos proponen no es
democrático ni en su elaboración ni en su contenido.
2. La Europa-potencia del Tratado no garantiza ni
la paz ni la seguridad
La reelección de Bush esta siendo utilizada por los
partidarios del Tratado Constitucional neoliberal para pedir
que se vote SI para que la Unión Europea sea un contrapeso
a las políticas militaristas de Estados Unidos. Pero
no dicen que el Tratado Constitucional subordina la política
de defensa de la Unión Europea a la OTAN. Ni que se
establece una “cláusula de solidaridad”
por la que un ataque contra Gran Bretaña por su intervención
en Irak sería considerado un ataque contra toda la
Unión que obligaría a una respuesta conjunta.
La Doctrina Solana para la militarización de la Unión
Europea busca construir una fuerza de intervención,
dependiente de la OTAN para su logística e inteligencia,
que permita a la Unión Europea intervenir allí
donde no quiere hacerlo Estado Unidos, como en África
o los Balcanes. Al mismo tiempo, el Tratado Constitucional
establece una política común para desarrollar
una industria de armamentos europea.
Izquierda Unida, que ha estado en las movilizaciones contra
la guerra de Irak con millones de ciudadanos europeos, quiere
una autentica Constitución europea en la que la Unión
renuncie a la guerra para siempre como instrumento de política
exterior. La Constitución de la República española
tenia un artículo pacifista de este tipo y hoy todavía
figura uno parecido en la Constitución italiana.
Para hacer frente a las políticas unilaterales militaristas
de Bush es necesaria una política exterior progresista,
pacifista y multilateral, no el desarrollo de una industria
de guerra europea o un cuerpo militar europeo de intervención
rápida.
3. El Tratado impone unas políticas neoliberales
que atentan contra los derechos sociales de los trabajadores
Toda la redacción del Tratado ha estado inspirada por
las políticas neoliberales impuestas al mercado único
comunitario desde los acuerdos de Maastricht que condujeron
al Pacto de estabilidad y crecimiento y a la moneda única.
Se dota al Banco Central Europeo de autonomía completa
para perseguir un único objetivo: la estabilidad del
Euro (sin tomar en cuenta el objetivo del crecimiento económico
de la Reserva Federal de EE UU). Esas políticas han
sido la causa de las privatizaciones, la reestructuración
industrial y las deslocalizaciones que han provocado que la
UE tenga hoy un 8% de parados y haya habido una caída
neta de los salarios negociados en los convenios colectivos.
El “modelo social europeo” de educación,
sanidad, pensiones y seguro de desempleo, ha quedado subordinado,
por las presiones de la patronal europea UNICE, a la “alta
competitividad de la economía” en el articulo
I. 3-3. Una “alta competitividad” que la Estrategia
de Lisboa y el informe Kok intentan conseguir, entre otras
medidas, alargando la vida laboral, la jornada de trabajo
y reduciendo pensiones y ayudas al paro.
Además, los derechos recogidos en la Carta de Derechos
Fundamentales en la Parte II del Tratado, que ya fue criticada
por los sindicatos europeos por la reducción de derechos
sociales esenciales, como el derecho al trabajo o el acceso
universal a los servicios públicos, quedo reducida
en su ámbito de aplicación a las políticas
comunitarias por exigencia de Gran Bretaña. Ello quiere
decir, teniendo en cuenta que las políticas sociales
son competencia de los estados miembros, que la carta solo
se aplicara a los únicos europeos que en materia social
se sitúan en el ámbito de aplicación
comunitario: los 35.000 funcionarios europeos que trabajan
en Bruselas, Luxemburgo o Estrasburgo.
El Tratado Constitucional creará así en materia
social una importante desigualdad entre ciudadanos europeos
de distintos estados miembros y abrirá una carrera
de reducción de derechos sociales para conseguir esa
“alta competitividad”. La falta de un sistema
fiscal armonizado a nivel europeo contribuirá de manera
decisiva a acelerar las deslocalizaciones hacia Europa central
y del este.
Por el contrario, Izquierda Unida defiende que la Carta de
Derechos Fundamentales, recogiendo entre otros el derecho
al trabajo y el acceso universal a los servicios públicos
que garanticen las condiciones materiales del ejercicio de
la ciudadanía, debe ser el mínimo legal exigido
a los estados-miembros y el derecho comunitario –como
ocurre para las políticas económicas- debe prevalecer
sobre las legislaciones nacionales. Debe desaparecer del tratado
el Titulo VII de la parte II, impuesto por Gran Bretaña,
que hace que la carta sea meramente testimonial y sin efectos
jurídicos a nivel nacional. Una autentica Constitución
europea debería asegurar la prioridad del “modelo
social europeo”, la satisfacción de las necesidades
urgentes de los ciudadanos y una participación popular
a través del Parlamento Europeo y referendos sobre
la fijación de los objetivos económicos y sociales
de la Unión, que hoy solo deciden los ministros de
los estado-miembros.
4. El Tratado Constitucional niega los derechos nacionales
de los pueblos sin estado europeos
Al ser los estados-miembros los únicos sujetos del
Tratado Constitucional, los derechos de los pueblos sin estado
europeos simplemente desaparecen. En este terreno fue la delegación
española con Aznar la gran protagonista. La referencia
a los derechos de los pueblos quedó reducida a los
derechos de las personas que son miembros de minorías
nacionales.
Resulta un poco sorprendente que después de haber
alentado la autodeterminación de parte de los pueblos
de Europa Central tras el derrumbe del llamado “Bloque
Socialista”, se niegue en la práctica el derecho
de autodeterminación para el resto de los pueblos europeos
sin estado. Reducidos a regiones y autonomías, solo
se prevén competencias administrativas para ellos,
sus lenguas nacionales no son reconocidas como oficiales y
su único ámbito de competencia es el Comité
de las Regiones, sin capacidad legislativa.
Izquierda Unida reconoce el derecho de autodeterminación
como base de una solución democrática de la
cuestión nacional. Además defiende un federalismo
europeo capaz de dar su ámbito de competencias a las
nacionalidades sin estado de Europa, que debería plasmarse
en una auténtica Constitución Europea en una
segunda Cámara Territorial Europea. Izquierda Unida
ha apoyado que el catalán, el euskera y el gallego
sean lenguas oficiales de la Unión Europea y que las
Comunidades Autónomas puedan defender sus posiciones,
en las materias de su competencia, ante la Unión Europea.
5. Otra Europa es posible si se vota NO
El rechazo de este Tratado Constitucional, que en realidad
representa el callejón sin salida al que han llevado
las políticas neoliberales el proceso de construcción
europeo, pondrá al descubierto la actual crisis de
la Unión Europea. Una crisis que se manifiesta en la
inoperancia de la Comisión, en el rechazo –por
primera vez- del Parlamento Europeo de una parte de los comisarios
propuestos, en la alta abstención popular en las recientes
elecciones europeas, en la división entre la “vieja”
y la “nueva” Europa por la guerra de Irak….
La victoria del NO en uno de los principales estados miembros
de la UE permitiría reabrir el debate sobre el futuro
de Europa y un auténtico proceso constituyente que
devuelva la voz a los ciudadanos, hoy secuestrada por los
jefes de estado y de gobierno comunitarios. El NO puede ser
el primer remedio para salir de la actual crisis de la UE
y dar un nuevo impulso progresista y de izquierdas a la construcción
europea.
La defensa del “mal menor” que representa la
petición de voto del SI nos condena a una Europa neoliberal
que solo puede agravar su actual crisis. Por eso, para avanzar
en la solidaridad por una Europa ciudadana de los trabajadores
y los pueblos ahora Izquierda Unida llama a votar NO el próximo
20 de febrero.
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