Posición de Izquierda Unida ante la actual situación en Brasil

En los últimos días hemos sido testigos de importantes manifestaciones en Brasil, en las que se clamaba, so pretexto de la corrupción, por la destitución de la presidenta Dilma Rousseff, miembro del Partido de los Trabajadores de Brasil (PT) y elegida por 54 millones de votos en las pasadas elecciones democráticas, en noviembre de 2010.

No es casual que la mayor de estas manifestaciones (en torno a 500.000 personas) se haya desarrollado en Sao Paulo, capital económica y principal centro financiero de Brasil y de América latina, ciudad en la que residen las clases más acomodadas y los sectores económicos más poderosos, ligados a la derecha y ultraderecha del país. 

Si bien es cierto que Brasil, uno de los países emergentes, no ha sido inmune a la actual crisis de la economía mundial, crisis que sumada a la bajada del precio de los hidrocarburos de los que es un importante productor, han conducido al país a una fuerte recesión, no es menos cierto que en los últimos años, desde la llegada del Partido de los Trabajadores al poder se han dado pasos importantes en favor de las clases trabajadoras y para acabar con la pobreza. Y en esta legislatura se intenta frenar la recesión con programas como “Mi casa, mi vida 3” programa que proporcionará 3 millones de vivienda a familias necesitadas de aquí a 2018; o el Plan Safra que destina una importante suma (224,5 billones de reales) para desarrollo de la industria agropecuaria, la agricultura familiar y el programa “Mas alimentos”; o el Plan de exportaciones con el que se inetnta abrirse paso en el mercado mundial.

Recientes casos de corrupción en los que se encuentran involucrados políticos pertenecientes a partidos que integran la coalición del actual gobiermo, (uno de ellos el ex presidente Collor de Mello, del Partido Laborista), o incluso algún miembro del PT, han proporcionado un pretexto a las fuerzas más conservadoras para iniciar una campaña de desprestigio que va del desgaste continuado y sistemático a la presidenta Rousseff hasta incluso el llamamiento a un golpe de estado militar que acabe con el ciclo progresista iniciado en 2003. 

Una derecha recalcitrante e hipócrita que, por otra parte se opone –y vota en contra- del fin de la financiación de las campañas electorales por parte del sector empresarial, donde se encuentra la verdadera raiz de muchos de los escándalos de corrupción.

Recordemos que Brasil, tras años de dictadura sangrienta y oscurantismo, accedió a la democracia. Pero una democracia que solo es bien aceptada por los sectores que disfrutan del dominio económico cuando el poder no escapa de sus manos. Una democracia que si bien responde a los modelos establecidos por sectores dominantes a nivel mundial, hasta ahora no ha sido capaz de desprenderse de una sus peores lacras, la corrupción, inherente al sistema y que lo devora por dentro.

Sin embargo en Brasil, hasta ahora no hay base jurídica para sustentar un proceso de destitución de la presidenta por esa causa, y así lo han proclamado la Procuraduría General de la República y el Tribunal Supremo Federal. Y a falta de un delito que sirva como pretexto para justificar la destitución, la derecha neoliberal justifica su escalada apoyándose en las manifestaciones del día 16 de agosto, escalada con la que se pretende conducir al país a la inestabilidad e ingobernabilidad.

Tal y como exige la población brasileña, no cabe duda de que hay que combatir la corrupción, lamentablemente instrumentalizada por las fuerzas que conspiran contra la verdadera democracia, la democracia de los pueblos, de los trabajadores y de la movilización social, la democracia participativa. Y para ello se hace necesario, indispensable, la superación de la crisis política y económica, retomar la senda del crecimiento y avanzar en las conquistas sociales.

Para derrotar el intento antidemocrático y golpista, desde los sectores progresistas del país se construye un frente amplio, de izquierda, que promueva la unidad de acción de fuerzas políticas y sociales con el fin de defender la democracia, la economía nacional y la vuelta al crecimiento y al progreso social, para emprender la defensa de los derechos sociales de los trabajadores frente a una agenda que busca la tercerización, la reducción de la edad penal o la criminalización de los movimientos sociales.

Frente a esta escalada de presión, Izquierda Unida se suma al clamor popular que los brasileños que verdaderamente luchan:

Contra la corrupción y la impunidad

Por la defensa de las empresas del Estado, fundamentales para el desarrollo del país.

Por la recomposición y ampliación de la base social, por medio del diálogo, para fortalecer la resistencia.

Por la defensa de la democracia participativa.

Y convocamos a la concentración del próximo día 20 de agosto, a las 11h, frente a la embajada de Brasil en Madrid (calle Fernando el Santo, 6; metro Alonso Martínez)  que se hará eco de las que se celebrarán en Brasil el mismo día.