Sí, Podemos Cambiar Europa

INTRODUCCIÓN

El primer Congreso del Partido de la Izquierda Europea se celebra en un momento realmente extraordinario: hoy tenemos ante nosotros el gran reto de abrir en Europa un nuevo ciclo político y social. Desde el 1º de Mayo de 2004 vivimos en una Unión Europea ampliada a 25 Estados miembros y diariamente somos testigos de nuevos acontecimientos en nuestro continente. Los pueblos de todos los países europeos –miembros o no de la UE- se preguntan cómo será nuestro continente en el futuro. Hoy no solo es posible construir “la otra Europa”, es imprescindible.

Tal como establecimos en el programa del congreso fundacional del Partido de la Izquierda Europea, estamos convencidos de la necesidad de una transformación social y democrática de Europa que sea profunda y de raíz.

Entendemos el papel y la tarea del Partido de la Izquierda Europea como una contribución para formar una amplia alianza política y social que tenga como objetivo un cambio político radical, a través del desarrollo de alternativas y propuestas concretas para la necesaria transformación de la sociedad capitalista actual. En este sentido entendemos nuestra responsabilidad y nuestra capacidad para dirigirnos a todos aquellos que luchan por una sociedad más igualitaria, condición esencial para una vida más libre. Queremos establecer políticas de izquierdas duraderas en un proyecto político independiente y seguro de sí mismo que contribuya a poner en práctica alternativas solidarias y democráticas, sociales y ecológicas. Estamos inmersos en plena crisis de la política y del modelo neoliberal. Una crisis que llevamos arrastrando desde finales de los 90 y que ha ido atrayendo, de manera creciente, respuestas políticas y sociales cada vez más regresivas y conservadoras. Es por esta razón por la que los partidos conservadores y de la derecha rediseñan sus estrategias políticas, asumiendo perfiles que aúnan ultraliberalismo, autoritarismo, populismo y atlantismo.

Nosotros pensamos que continuar con estas políticas en Europa es el camino equivocado. Les costará a los europeos la demolición de los sistemas del estado del bienestar y permitirá que la vida cotidiana esté regida por el desempleo masivo y una competitividad despiadada. La hegemonía de la política neoconservadora –como proyecto político inmerso en una crisis que amenaza de manera creciente la libertad, la paz y la seguridad de la mayor parte de la población del planeta- está amenazando con abrir un nuevo frente de Guerra global y permanente, que tiene como punto inicial la persistente ocupación militar de Irak, que debe ser frenada inmediatamente con la salida de todas las tropas de ocupación. El deterioro democrático, la destrucción ambiental, así como la “pax” neoliberal para salvaguardar el monopolio militar global de la hegemonía imperial de los EEUU y de los países industrializados que le siguen en ese camino, producen un daño inmenso. Estos hechos afectan también al futuro de la UE ya que no son “excesos” neutrales de la globalización neoliberal y capitalista, sino el resultado de una elección deliberada que profundiza en la dinámica de explotación y opresión capitalista, patriarcal y anti-ambiental que tiene sus raíces en el modelo dominante de la sociedad.

Mientras por una parte Europa se enfrenta a una de sus más graves crisis económica y social y por otra, elige la seguridad como su mayor prioridad. Además de la crisis socio-económica Europa se enfrenta a una crisis de liderazgo. El liderazgo neoconservador y las fuerzas dominantes ha llevado a Europa a un terreno perdido: la crisis por el rechazo al Tratado constitucional, las resistencias a las directivas de jornada laboral y Bolkestein y a su incapacidad para alcanzar un acuerdo sobre perspectivas financieras. El hecho es que el liderazgo neoconservador ha llevado a Europa a un estado de infra-financiación y, por lo tanto, incapaz de dar respuesta a las expectativas de los ciudadanos europeos.

Nuestro reto es frenar las políticas de la derecha y de las fuerzas socialdemócratas dominantes, a través del enfoque innovador de una Izquierda de verdad y, al mismo tiempo, superar la impotencia estratégica de cualquier contenido neo-liberal dentro de las políticas de la Tercera Vía o socio-liberales. El PIE tiene el potencial y el deber de ser un actor político principal en el cambio y la reforma de las políticas de la UE y de ayudar a resolver la crisis política continental y mundial.

Entendemos que nuestra tarea debe ser trabajar decididamente hacia un nuevo contrato social para el siglo XXI, haciendo que los intereses de los habitantes de la Tierra, los retos ambientales, los valores democráticos, la justicia social y la paz sean la norma y el objetivo de la coexistencia de los pueblos. Queremos que la igualdad entre hombres y mujeres se convierta en un derecho fundador del proceso de construcción europea. Por tanto, queremos hacer sentir el peso de las mujeres en todos los debates de la sociedad a nivel local, regional, nacional y europeo. El Partido de la Izquierda Europea debe desarrollar sus propias ideas para la consecución de este fin. El PIE puede, debe y asumirá este reto. Europa y la Unión europea, tal como existen hoy, son la mínima dimensión de la política como expresión de la lucha de clases.

Un ejemplo extraordinario y esperanzador para nuestro trabajo ha sido el resultado de los referenda francés y danés al Tratado constitucional. En esta ocasión, varios elementos han ayudado a revelar la potencialidad de un Nuevo Espacio Público Europeo para las fuerzas de la transformación. El pueblo, excluido del texto, no tuvo voz en la fase de redacción, por lo que entró en escena a la fuerza, negándose a seguir siendo rehén de una ideología que no ofrece nada mejor que el modelo económico neoliberal europeo del que somos testigos hoy. De repente todo el mundo tuvo conciencia clara del peso que tiene la oposición a la Europa neoliberal. No fue casualidad que la creciente oposición al Tratado encontrara un extraordinario impulso en las manifestaciones contra la Europa del capital y el desempleo, como la que tuvo lugar en Bruselas el 19 de marzo contra la Directiva Bolkestein. El voto del NO! fue, por lo tanto, una reacción a la esencia mercantilista del Tratado y al contexto “funcionalista” con el que fue establecida la UE (los tratados económicos, el Banco Central Europeo, la moneda única, las directivas de la Comisión). La oposición al Tratado tuvo una enorme influencia de las ideas de izquierdas y de las demandas sociales de igualdad y justicia que tienen su origen en la creciente preocupación de la mayoría de la población por sus condiciones de vida.

Sin embargo, nuestro voto “No” al Tratado, a pesar de lo que dicen los defensores más entusiastas del mismo, no es un “No” a Europa; es un Sí a otra Europa, a una Europa solidaria y de justicia social, que trabaje por un mundo en paz y por un nuevo modelo de desarrollo para todas las naciones.

Es, por tanto, un objetivo común de todos los partidos y organizaciones del Partido de la Izquierda Europea idear e implementar políticas que tengan como propósito recuperar un genuino espacio público europeo en el que los ciudadanos europeos, los movimientos sociales y las organizaciones democráticas sean los actores principales. Nuestro mayor objetivo como sujeto político es promover una nueva forma de democracia. La participación es la primera contribución que consideramos necesaria para una reforma radical de la política, para asegurar que la espiral antidemocrática de la globalización neoliberal y de la guerra se detenga. Nuestras propuestas para una Europa diferente son una contribución concreta para construir una sociedad en la que la democracia, la libertad, la igualdad y la paz sean los valores fundamentales.

Desde nuestro punto de vista, la propuesta de la alternativa de la Izquierda y del socialismo no es un tema nacional, sino un objetivo de dimensión nacional e internacional. Como siempre, y hoy más que nunca, el socialismo es una visión internacional y un proyecto mundial.

EJE 1 - CONSTRUYENDO LA PAZ

Europa ha sido durante siglos escenario de conflictos sangrientos y ha exportado, a través del colonialismo, tanto violencia, como injusticia y opresión. Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, la victoria de la lucha partisana y la derrota del nazismo y el fascismo, pareció posible erradicar la guerra de la Historia. La idea de una Europa unida surge de esta demanda. Pero la guerra y los enfrentamientos militares nunca fueron excluidos como instrumentos políticos internacionales y europeos. El papel de la UE ha sido incierto y contradictorio, no tanto por no haber podido establecer una fuerza de intervención como por su incapacidad para definir un proyecto autónomo al actual proyecto hegemónico de EEUU.

Las intervenciones militares de EEUU con el apoyo de la OTAN violando las leyes internacionales, han hecho cambiar la tendencia del control de armamento que comenzó durante la Guerra Fría (debida principalmente a la persistente lucha del movimiento pacifista). La guerra sigue presente en nuestras vidas y continua siendo usada como instrumento político, amenazando con convertirse en algo endémico y estructural. La Unión Europea y los demás países europeos, en virtud de su posición geopolítica y su vocación, deben ser capaces de promover y garantizar la paz.

La oposición radical a la Guerra, la violación de derechos humanos, el terrorismo y a cualquier “choque de civilizaciones” es la primera condición para la Europa que queremos construir. De hecho, los ataques a Nueva York, Madrid o Londres demuestran que el poderoso aparato militar y de disuasión usado en los países desarrollados del mundo no es capaz de prevenir esos salvajes ataques.

La consecuencia lógica debería haber sido, en cambio, repensar detenidamente el actual sistema de seguridad basado en la fuerza militar, incluido el posible uso de armas de destrucción masiva que amenazan la existencia de la humanidad, para comenzar la desmilitarización y el desarme.

El Tratado constitucional europeo somete la independencia de la política exterior de la UE a la lógica militar, en vez de a respuestas pacíficas y civiles que prevengan los conflictos. Estamos en completo desacuerdo con esta lógica. El PIE, por el contrario, propone soluciones políticas, la defensa y la aplicación de la legalidad internacional para una gobernanza real y democrática del mundo, con una ONU reformada, una política de prevención de conflictos activa y el recorte de gastos militares.

Queremos una política de seguridad alternativa en Europa para:

• Tener un sistema de seguridad y defensa basado en una desmilitarización progresiva.

• Conseguir el desarme y un profundo recorte de gastos militares a nivel global;

• Reducir progresivamente los ejércitos nacionales;

• Defender un código de comportamiento vinculante en la UE para prevenir la exportación de armas a países en guerra o que violen derechos humanos. Desarrollar el proyecto de la Agencia europea de desarme y conversión.

Queremos una política de seguridad autónoma para:

• Que Europa tenga un papel autónomo en las políticas de seguridad y defensa exterior basada en el respeto a los derechos humanos y la legalidad internacional, que dependa de la cooperación al desarrollo y de la prevención de conflictos;

• Oponerse a cualquier clase de cooperación con la OTAN, evitando el despliegue de fuerzas armadas tales como las que dan soporte a las intervenciones de los EEUU.

Queremos una política de seguridad anti-nuclear. Por ello defendemos la prohibición y la destrucción de toda clase de armas de destrucción masiva (nuclear, biológica, química).

La autonomía política de Europa frente a Estados Unidos es, asimismo, una condición imprescindible para hacer real un mayor papel de Europa en el mundo. Una Europa de Paz tiene que plantear una reconversión política y económica de las relaciones internacionales en la que la paz y un multilateralismo pacífico formen parte de un nuevo modelo de sociedad.

Queremos defender una Europa Social para unir nuestra lucha con la de todos aquellos que defienden un mundo más justo y pacífico en cada continente.

En este sentido, la Izquierda Europea apoya todos los procesos de descolonización y las demandas de aquellos pueblos que desean afirmar su autodeterminación a través de las resoluciones de las Naciones Unidas, como es el caso del Sahara Occidental y del pueblo Palestino.

Creemos que la nueva realidad latinoamericana es una contribución decisiva para la consecución de un mundo más justo y solidario. La Izquierda Europea defiende el fin del estado de excepción que mantiene la UE respecto a la Republica de Cuba. Cuba es el único país del mundo en el que la UE mantiene una posición común de sanciones en el marco de la cooperación. Esa posición ,al dictado de los EEUU, impide que Cuba y la UE puedan discutir una agenda propuesta por la República de Cuba.

El Partido de la Izquierda Europea se reitera en la exigencia del cumplimiento de la Resolución de la Asamblea General de NNUU para que EEUU ponga fin al bloqueo a Cuba.

Además, apoyamos el proceso de la revolución bolivariana en Venezuela y la lucha por la defensa de los servicios y bienes públicos en América Latina, así como la lucha contra el ALCA.

La globalización capitalista nunca ha sido y no es hoy, tan solo un proceso de reorganización económica del capital, son que ha demostrado ser una locomotora extraordinariamente poderosa de la reorganización de las estructuras de poder capitalista a escala mundial. Ha sido el instrumento que ha ayudado a producir una verdadera revolución conservadora, removiendo desde sus cimientos el orden mundial heredado tras la victoria sobre el nazismo y el fascismo. La forma tradicional de estado nacional no explica cómo la globalización se desarrolla en la práctica. Por ello no podemos plantear el problema de la transformación de la sociedad capitalista, a menos que lo hagamos a escala mundial.

A la vista de estos cambios fundamentales se hace necesario comenzar un nuevo ciclo de cooperación de las fuerzas que luchan por la transformación social en el mundo y, en particular, en Europa.

En su primera fase, los ideólogos del neoliberalismo prometieron que la globalización marcaría “el fin de la Historia”, la culminación completa del Estado neo-capitalista, con un horizonte de estabilidad para los años futuros. En realidad, la globalización neoliberal no se ha manifestado como un mecanismo estable que genere valor añadido, sino que, en este tiempo, ha incrementado la desigualdad y las injusticias sociales.

La crisis de la globalización capitalista ha producido repuestas regresivas y reaccionarias precisamente por parte de aquellos que afirmaban que sería la solución al destino de la humanidad. Las políticas de la derecha económica se han ido radicalizando para poder proteger mejor los intereses de los grupos dominantes a escala mundial. La guerra se convierte así en un factor endémico y estructural en el mundo. La crisis genera, por tanto, inestabilidad y falta de seguridad en el planeta. La doctrina de la guerra preventiva, siendo ésta indefinida e infinita, coloca a los EEUU en el corazón del sistema de dominación. En este marco internacional, Bush opta por el unilateralismo como forma de destruir cualquier espacio para la política.

Así la Guerra no se presenta solo como una nueva estrategia para controlar los recursos estratégicos del planeta, demostrando que no se detendrá en nada para conseguir los recursos que necesita devorar, sino que usurpa el papel de las normas internacionales de coexistencia y de respeto a los derechos fundamentales de la humanidad.

El duelo entre la Guerra y la Paz es hoy más relevante que nunca. Si la guerra es el producto de políticas de dominación, agresión, chantaje y tensión creada por la globalización capitalista, la paz solo puede conseguirse intensificando todas las formas de oposición, resistencia y contradicciones que emergen a nivel mundial y a nivel nacional.

El nuevo movimiento por la paz, la otra “potencia” mundial que ha surgido en esta fase, puede y debe desvelar la relación profunda que existe entre el modelo de sociedad neoliberal y la guerra creada por la globalización capitalista, de manera que trabajemos por un modelo social alternativo. El nuevo movimiento por la paz es una fuerza desarmada y desarmante, portadora de una idea de paz que no solo significa ausencia de guerra o equilibrio basado en la fuerza de las armas, sino que trabaja por establecer un orden social y económico alternativo al neoliberalismo y la guerra.

Este nuevo modelo ha de ser sostenible o no será. Hoy la relación entre guerra y depredación ambiental es más evidente que nunca. Cambiar modelos de producción y de consumo insostenibles es una necesidad para la paz.

Además debemos combatir la otra cara de la Guerra: el terrorismo. El proyecto político del terrorismo, que es independiente de la Guerra aunque se alimente de ella, es, sobretodo, un enemigo de los pueblos y de la democracia. En especial el terrorismo fundamentalista de las fuerzas del islamismo radical, que mientras proclama defender los derechos del pueblo, defiende una sociedad basada en el uso extremo de la violencia, siendo perfectamente compatible con el capitalismo.

Pero “la Guerra contra el Terror” liderada por los EEUU y sus aliados no sólo no es el camino para erradicar las causas y las raíces del terrorismo, sino que refuerzan las bases del terrorismo. La guerra misma, esta utilizando el terrorismo contra la población civil. La “Guerra contra el Terror”, para los políticos norteamericanos continuará durante décadas, esta sirviendo a los porpositos de desmantelar derechos en también en Europa, para hacer avanzar la militarización de la UE sobre las bases de la doctrina de intervención en todo el planeta. Además, los EEUU amenazan con lanzar la guerra preventiva a otros Estados.

El Partido de la Izquierda Europea apuesta por un camino pacífico para superar el terrorismo. La guerra contra el terrorismo no puede ganar, luchar contra él sí. Izquierda Europea exige un cambio de paradigma en las políticas europeas hacia esos paises en los que siglos de intervención, intervenciones militares, patronazgo y humillación hacia una coexistencia de cooperación y paz, hacia una perspectiva común, elaborada en común con las fuerzas politicas de esos países sobre las bases de la igualdad. El PIE expresa su solidaridad con las fuerzas progresistas y de izquierdas del mundo musulmán.

La primacía de la política solo podrá recuperarse a través de la lucha contra la guerra y por la paz. Así como no hay paz sin justicia, no puede haber justicia sin paz.

Este es el motivo por el que condenamos la ausencia de un rechazo claro a la guerra en el Tratado constitucional europeo y por el que entendemos que la institución de un ejercito europeo bajo control de la OTAN -lo que significa bajo control estadounidense- es una amenaza a la independencia y autonomía de Europa, al tiempo que significaría la reanudación de una inversión masiva en armamento. Por ello proponemos el recorte de los gastos militares de cada país, el cierre de las bases militares y la disolución de la OTAN.

El Partido de la Izquierda Europea está a favor de una política exterior y de seguridad común que tenga como objetivo un orden mundial basado en la legalidad internacional, la prevención de conflictos de manera civil y pacífica, así como un desarrollo solidario y democrático en la escena internacional. Esta política debe ser desarrollada a través de una colaboración estrecha con todos los países europeos.

Asimismo, los países europeos y la Unión Europea debe jugar un papel mayor en la reforma democrática y el fortalecimiento de las organizaciones internacionales, empezando por la ONU, con el objetivo de establecer unas nuevas relaciones internacionales a escala mundial basadas en 7 la libre coexistencia y el respeto a los derechos humanos y la democracia. De la misma manera Europa, recordando su pasado trágico de guerra y colonialismo, debe estar en posición de mirar al mundo no desde unos ojos eurocentristas, sino con la capacidad de abrirse a los nuevos retos de la igualdad global. Por eso proponemos que la UE asuma su responsabilidad en la reestructuración radical de las organizaciones económicas internacionales. La OMC, el FMI y el Banco Mundial no pueden seguir siendo instrumentos de dominación ni generadores de más injusticias. Algunas de estas agencias deben ser abolidas y sustituidas por otras. Algunas de ellas deberían ser colocadas directamente bajo el control de las Naciones Unidas.

El PIE exige el fin de la ocupación israelí de los territorios ocupados y la retirada a las fronteras de 1967. Nos oponemos al muro ilegal, que representa un obstáculo para el proceso de paz. El PIE está a favor de la creación de un Estado palestino, con fronteras y seguridad común con Israel sobre la base de las resoluciones de la ONU.

Desde nuestro punto de vista, lo que se ha venido en llamar el proceso de Barcelona cobrará cada vez más importancia para el papel internacional de la UE. En vez de introducir un área de libre comercio en el Mediterráneo para el 2010, nosotros demandamos un acuerdo de partenariado sobre unas bases iguales para todos los países del Sur del Mediterráneo. La Izquierda Europea propone una alianza Euro-Mediterránea que tenga, por una parte, la garantía de respeto absoluto a la democracia y los derechos humanos y, por otra una integración social y económica que tenga como objetivo promover un desarrollo sostenible e igualitario. Allá donde las áreas de libre comercio se han establecido en el pasado (como en el caso del NAFTA entre México y Norte América) las desigualdades y la injusticia han crecido masivamente en detrimento de los sectores más débiles de la sociedad. Hoy, allí donde se proponen áreas de libre comercio (como el ALCA), encuentran una enorme oposición popular.

Asimismo que el pasado colonial europeo en África ha sido la causa fundamental de los problemas que actualmente está sufriendo el continente. Esto significa que estamos a favor de todas las diversas propuestas que ayuden a crear un nuevo orden económico democrático, apoyando una alianza euro-Africana para reducir las distancias que existen entre el Norte y el Sur.

Desde la Izquierda Europea nos comprometemos a defender y crear la Paz, no como ideal utópico sino como construcción política y social que será posible desde otro modelo de desarrollo. Sólo una Europa que genere un desarrollo económicamente igualitario, socialmente justo, culturalmente diverso y ambientalmente sostenible podrá estar en condiciones de actuar, desde la independencia de EEUU, por y para los principios de la Paz en el mundo.

Las políticas ambientales deben ser tenidas en cuenta en todos los campos de la política. Esto también afecta a la política exterior y la cooperación policial y legal en la persecución de delitos ambientales. El Protocolo de Kyoto debe implementarse. Es una necesidad urgente, tal como nos lo demuestran algunas de las catástrofes “naturales” recientes, como el tsunami del año pasado o el huracán Katerina en Nueva Orleáns. Lejos de ser solo catástrofes naturales, están claramente relacionadas, y en ocasiones precipitadas, por la acción del hombre y vemos cómo sus peores efectos son ampliados por las políticas neoliberales.

EJE 2 - OTRO MODELO ECONÓMICO PARA UNA EUROPA SOCIAL

El desempleo masivo, la demolición de las conquistas del Estado de bienestar europeo y sobretodo, el temor de las generaciones mayores a perder los derechos conquistados y de las generaciones más jóvenes al aumento de la precariedad, son los aspectos más amargos de la vida cotidiana en los estados miembros de la UE. Estas realidades son resultado de las políticas neoliberales practicadas por las elites políticas y económicas de las UE y de los gobiernos europeos. Este es un camino que no es democrático, ni social, es insolidario y destruye el medio ambiente. De acuerdo con la lógica de los que hoy están en el gobierno el futuro de la UE será “Continuar como siempre”, pero no puede haber un “Continuar…” en los intereses de un espacio europeo de integración si se quiere dar respuesta a los procesos de globalización. Para las mujeres un mercado laboral con salarios más bajos, trabajos menos cualificados, un nivel más alto de desempleo y el trabajo temporal constituyen obstáculos aún mayores; su protección social, pensiones y otros beneficios derivados de las contribuciones suelen ser demasiado a menudo más bajos en intensidad, cobertura y cantidad que la media masculina.

A través de las orientaciones del mercado global, las políticas neoliberales se radicalizan y van disolviendo cada vez más los estados de bienestar nacionales, perjudicando la demanda interna; de esta manera consolida y aumenta el desempleo y el número de trabajos precarios y da un vuelco total a las políticas de protección social, reforzando las tendencias que erosionan la solidaridad y bloquean la posibilidad de un crecimiento social y ecológicamente sostenible. La elección dominante es la Política Agraria Común, que está dañando a los pequeños y medianos agricultores en Europa.

La alternativa a este tipo de desarrollo debe promover inversiones estratégicas en Europa que garanticen el equilibrio y la conversión regional, desarrollando los servicios públicos europeos y políticas sociales, ambientales y de investigación eficientes. Estos objetivos no podrán lograse sin un aumento de las actuales asignaciones de los recursos financieros de la UE. Se hace necesaria una reforma de del sistema fiscal europeo y de la capacidad para liberar obligaciones o bonos públicos europeos. El final de la subordinación europea llegará con la sustitución del Pacto de Estabilidad por un Pacto por el crecimiento y el empleo.

La progresiva mecanización, automoción y eficiencia están cambiando la estructura del mundo del trabajo. Cada vez se ofrece menos trabajo remunerado tradicional, especialmente en aquellos sectores en los que los trabajadores habñian sido formados. En casi todos los países europeos el desempleo es un fenómeno que marca cada vez más a las sociedades. Los desempleados son discriminados demasiadas veces. Las políticas de superación del desempleo debe ser revisada. Reconociendo la realidad de las sociedades acuales, la subsistencia de los ciudadanos tiene que garantizarse independientemente del salario del empleo tradicional. Hace falta el coraje necesario para comenzar un debate sobre una comprensión nueva y emancipatoria del trabajo en un mundo laboral cambiante.

La utilización de la mujer en el marco de la familia en las áreas de cuidado de personas, educación infantil, etc. permite a los gobiernos renunciar a su responsabilidad y poner en cuestión los servicios públicos existentes.

Las políticas de contención de la demanda doméstica, la destrucción ambiental y la especulación de los mercados financieros internacionales trabajan a favor de los intereses de las clases dominantes. La disyuntiva hoy es: o más neoliberalismo, cancelando la originalidad europea y avanzando hacia el modelo norteamericano o ir a un nuevo modelo que invierta las prioridades del sistema: de dar prioridad a la competitividad a dar prioridad a los derechos de las personas y los pueblos.

Para ello es necesario construir un Nuevo Espacio Público Europeo que tiene que basarse en un nuevo compromiso social y democrático, invirtiendo la relación de clases.

Para la Izquierda Europea el primer paso hacia una política económica diferente debe ser frenar la demolición del estado del bienestar. Desde la implementación de la doctrina ultraliberal de Reagan y Thatcher, las relaciones sociales han sido redefinidas sobre las bases ideológicas de una competitividad sin freno y la reducción de derechos laborales. Ha habido un cambio ideológico por el que el neoliberalismo ha utilizado las transformaciones tecnológicas para imponer políticas de dominación y explotación aún más duras. La globalización neoliberal ha afectado a las relaciones globales y a la estructura del sistema productivo en lo que se refiere al capital y el trabajo. Dicha transformación ha producido cambios profundos y devastadores en las relaciones humanas, en la relación entre los humanos y la naturaleza y en la creación de un sistema de valores compartido. La política de la Izquierda Europea tiene que enfrentarse a estos enormes cambios en la sociedad y en la economía si quiere presentar propuestas alternativas convincentes. Una vuelta a los viejos días de los sistemas de seguridad social no será posible; hay demandas nuevas y radicales que exigen políticas alternativas.

La necesidad de unir la defensa de los derechos que tradicionalmente ha defendido la izquierda (derechos políticos, laborales, sociales, económicos y públicos) con la defensa de derechos abiertos por los movimientos sociales (derechos ambientales, culturales, tecnológicos…) es hoy una necesidad y una meta posible. Los movimientos sociales han abierto el debate sobre el derecho a los bienes comunes (especialmente sobre el agua) cuya defensa tiene la misma lógica que la defensa de otros derechos.

Nuestra alternativa económica se debe corresponder con lógica humanitaria que nos obliga a dejar a las generaciones futuras un mundo mejor que en el que hoy vivimos. Luchar por ambos derechos, ambientales y laborales, es, en siglo XXI, una obligación solidaria y una respuesta inteligente a una lógica económica que no lo es.

Nosotros no solo cuestionamos la primacía del Mercado, la competitividad y el crecimiento. Hay también una necesidad de establecer la primacía del interés público y de la participación pública en una sociedad compartida, entendiendo lo público no sólo como el estado nación. Reconocemos que hoy el interés público significa una democracia a todos los niveles que conjugue las instituciones nacionales, los gobiernos locales y amplias formas de participación directa de los ciudadanos.

Ese debe ser el carácter de Europa.

Porque el actual modelo económico no resuelve la crisis. No hay economista que conteste a cómo la economía global puede sobrevivir sin recortar salarios, derechos laborales y esquilmar recursos naturales para crecer.

Los gobiernos neoliberales europeos y la UE imponen el recorte de derechos laborales y de salarios por la competencia internacional. Objetan que si no lo hacen, las empresas deslocalizarán su producción y se irán a países con costes laborales más bajos. Es el chantaje de la deslocalización y no vamos a aceptarlo. Seguiremos defendiendo los derechos laborales, sociales y ambientales en nuestros países y en el resto del mundo.

Por eso debemos impulsar la creación de un Nuevo Espacio Público Europeo en el que defendamos la convergencia de derechos laborales y sociales en todos los países. La deslocalización sólo puede enfrentarse desde la lucha social, la intervención pública y la reconversión de la actividad productiva con la participación de los trabajadores.

En el escenario político mundial, Europa y la UE son para nosotros la dimensión mínima de la política como expresión del conflicto de clase. Pero la antigua cultura europea, la extraordinaria experiencia política de Europa, los logros conseguidos en más de un siglo de movimiento obrero, los debates sobre sostenibilidad y modelos económicos alternativos y la autocrítica sobre el fracaso y la derrota de las sociedades socialistas en Europa Central y del Este y en la Unión Soviética, hacen que hoy haya posibilidades de cambio. Todos estos elementos deben focalizarse en un movimiento que marque nuestra era. Hoy es posible un salto cualitativo hacia un renacimiento de la política.

La crisis, como la Guerra, son componentes esenciales de la globalización capitalista moderna. La precariedad y la incertidumbre social afectan al empleo y a la vida cotidiana, pero también a la economía y al propio desarrollo capitalista. Tales condiciones tienden a aumentar la diferencia que ya existe entre innovación y progreso social. Hoy se hace cada día más evidente que el modelo basado en la cohesión social se está rompiendo. La crisis económica recae sobre los ciudadanos europeos mediante una política de reestructuración del sistema del bienestar (desde la privatización de la sanidad hasta los recortes de pensiones). La privatización de los servicios es el siguiente paso hacia la total mercantilización de la vida social.

Consideramos que la protección social es el elemento clave para la cohesión de los 25 estados miembros de la UE y un elemento de productividad real. De hecho, el modelo social europeo es un modelo capaz de derrotar el dramático y creciente desempleo y precariedad. La oposición del Partido de la Izquierda Europea es a alguno de los objetivos declarados en la estrategia de Lisboa. El Partido de la Izquierda Europea se opone a esta estrategia porque, especialmente después de su revisión interna, todo su contenido se subordina a la competitividad y la liberalización de los mercados. La estrategia de Lisboa orienta cambios estructurales exclusivamente sobre el mercado laboral y el estado del bienestar en términos de destrucción de la calidad del empleo y contra el objetivo del pleno empleo, mientras que se amplia el marco de las políticas neoliberales, que permanecen inmutables. La estrategia de Lisboa es la herramienta europea y la palanca para la reestructuración anti-laboral a nivel nacional. Tenemos que pensar en una política económica capaz de frenar el declive social no solo defendiendo los estándares sociales, impositivos y ambientales, sino implementándolos como impulsores de un verdadero desarrollo.

Debemos negarnos a pagar el precio del deterioro de la economía del continente. Nuestras ideas de una alternativa económica para Europa deben centrarse en evitar la crisis económica, relanzando una propuesta tangible para prevenir la incertidumbre, el empleo precario y las malas condiciones de vida de la población europea. Trabajamos en la perspectiva perfectamente posible de una Europa de pleno empleo, digno y de calidad para todos aquellos que vivan y trabajen aquí.

Agradecemos el trabajo hecho por los parlamentarios de los partidos del PIE, que en el grupo parlamentario GUE/NGL contribuyen a diseñar un “Modelo de bienestar europeo” independiente.

Pero no es suficiente defender el Estado del Bienestar. Las condiciones de crisis en la que nos encontramos son, fundamentalmente, el resultado de opciones elegidas en el marco de la globalización. Y continúan con creciente intensidad, desde la deslocalización de industrias y la pasiva internacionalización de nuestras economías, hasta la reorganización de la producción basada en hacer que el empleo sea estructuralmente precario.

Proponemos invertir fondos públicos en educación y tecnología, teniendo en cuenta el necesario equilibrio regional y la adaptación estructural compensatoria en todas las zonas de Europa. En lugar de competitividad por costes laborales a la baja queremos reforzar globalmente la regulación internacional para que haya derechos laborales –todos los estándares universales de la OIT, fundamentalmente los relativos al trabajo decente- en todas las relaciones laborales y especialmente en aquellas partes del mundo en las que los trabajadores se ven obligados a competir en condiciones de semi-esclavitud. Este puede y debe ser un paso importante contra el dumping social y salarial en la economía global.

La Izquierda Europea continuará trabajando para apoyar todas las acciones que combatan la creciente naturaleza precaria del trabajo y para dar un nuevo estatus a los derechos y la participación de los trabajadores. Tan solo tenemos que echar un vistazo a la directiva Bolkestein y la directiva de las horas de trabajo que actúan directamente sobre la reorganización del sistema productivo basado en el debilitamiento de los trabajadores. Millones de ellos están siendo desplazados hacia la pobreza, especialmente las mujeres, jóvenes e inmigrantes. Reducir las horas de trabajo, mejorar la calidad del trabajo, fortalecer los sistemas de seguridad social para los desempleados y grupos vulnerables; todos ellos son objetivos centrales de la lucha del Partido de la Izquierda Europea en el campo social. En lo que se refiere a los convenios colectivos, defendemos que este sistema se extienda a toda Europa y que se prohíban las directivas europeas que ahondan en la peligrosa tendencia a la desregulación. Para evitar las deslocalizaciones y la competitividad entre trabajadores debemos ayudar a crear estándares europeos comunes para salarios, pensiones públicas, servicios públicos, etc.

Esta alternativa tiene que pensarse más allá del enfrentamiento con todas las políticas que hay detrás de la directiva Bolkestein y de la defensa del sector público. Tenemos que ampliar el debate a nuevas formas de economía social y a la creación de estructuras públicas allí donde no existan o estén debilitadas. La innovación, mejora y democratización de la gestión pública es tarea de la izquierda.

Nuestras propuestas, que tienen que ser detalladas, especificadas y compartidas con los sindicatos y los representantes sociales de los trabajadores y los parados, se centran en: una sociedad alternativa en Europa que requiere un cambio radical de dirección en las políticas económicas y sociales, un cambio de dirección que tenga en cuenta las demandas de los movimientos en relación al mundo del trabajo, el medio ambiente y el feminismo. La palanca del cambio es, por tanto, la construcción de alianzas políticas, sindicales y sociales para contribuir al crecimiento de un gran movimiento de trabajadores. Por esto vamos a apoyar una campaña europea y propuestas unitarias que defiendan y hagan avanzar los intereses de la clase trabajadora. Se trata de dar prioridad, una vez más, al tema marxista de la liberación del trabajo; en otras palabras, apreciamos los valores que la fuerza del trabajo ha acumulado para la sociedad, de tal forma que los derechos y salarios, en una sociedad no mercantilista, se conviertan en variables independientes de la dominación de la empresa. Con este espíritu recogemos las demandas y experiencias de los movimientos sociales y laborales.

Además, creemos que el Banco Central Europeo debe tener un nuevo papel y una nueva misión, de tal manera que pueda ser controlado democráticamente y que abandone tanto el papel central de las políticas monetarias como el Pacto de Estabilidad. No es comprensible que se sigan manteniendo las rígidas normas de un Pacto que ya ha demostrado que no estimula ni la estabilidad económica ni el empleo por su fijación con la estabilidad monetaria. Este pacto debe ser sustituido por un nuevo acuerdo que introduzca criterios sociales, de empleo y ambientales y que contenga regulaciones que coordinen la política monetaria del BCE con las políticas económicas y financieras de los estados miembros.

EJE 3 - DEMOCRACIA PARTICIPATIVA Y RADICAL

Para nosotros una condición indispensable para otra Europa es la construcción de una Democracia Participada, en nuestro convencimiento de que sólo con la entrada del pueblo en la política se puede construir una Europa diferente.

La crisis del neoliberalismo también profundiza la crisis de la democracia, creando una sociedad que genera injusticias sociales y produce un fenómeno sistemático de exclusión y autoritarismo. Debemos combatir esta tendencia para abrir un espacio público de participación y protagonismo democrático. Ningún tema significativo para el futuro de Europa debe ser decidido o debatido sin la implicación directa de los ciudadanos europeos. Este proyecto requiere nuestro compromiso para cambiar las cosas y nuestra creatividad desde el nivel local hasta el europeo y exige de nosotros una gran preparación para aprender y cambiar nosotros mismos. Este proyecto tendrá éxito si se dirige a propuestas concretas y realizables para una alternativa real y de manera que sea un proceso abierto, participativo, democrático y en cooperación con las experiencias, ideas e iniciativas de los movimientos sociales. Los movimientos, sindicatos y otras fuerzas democráticas ya han estado trabajando con éxito en esta dirección y su primer logro ha sido, precisamente, la apertura de espacios políticos públicos, especialmente para las generaciones futuras. La política debe restaurar la soberanía del pueblo europeo. Para nosotros, participación significa introducir más elementos de democracia directa y de implicación de los ciudadanos, a través de instrumentos tales como referenda, plebiscitos y consultas.

Debemos, por tanto, derrotar a la sociedad patriarcal y conseguir una verdadera democracia de género. No es solo una cuestión de levantar la bandera de la emancipación de la mujer y de la igualdad, sino de tener en cuenta las diferencias de género no sólo en la redistribución de bienes, derechos y obligaciones, sino también en relación a la participación de las mujeres como sujeto social en la elaboración de las normas que rigen la sociedad. El concepto de paridad – y de democracia basada en la paridad- es una prolongación por la lucha de derechos civiles del movimiento sufragista.

Apostamos por otra forma de funcionamiento de la sociedad, por la participación y por políticas que promuevan la independencia económica, poniendo fin a la violencia de género y acabando con la sub-representación femenina. Es más, expresamos nuestro completo compromiso con el derecho y la libertad de orientación sexual y combatimos cualquier clase de discriminación y violencia. Denunciamos la violencia sexista como arma de dominación masculina sobre las mujeres y nos negamos a considerarlo como “natural” o accidental.

Hasta que la paridad se manifieste en todo su significado, debemos aplicarla a nosotros mismos en nuestros partidos políticos haciendo que nuestras organizaciones se reformen para hacer compatible el activismo con la forma de vida de las mujeres.

Criticamos el Tratado constitucional porque se basa en dos graves presupuestos: el primero fue la decisión de que no fuera escrito por el pueblo europeo, sino exclusivamente por los gobiernos de la UE; el segundo es el hecho de que da una centralidad absoluta al Mercado en la construcción de la unidad política europea. Nosotros creemos firmemente en la necesidad histórica de construir la unidad europea y somos europeístas convencidos. Este es el motivo por el que rechazamos un Tratado constitucional de estas características: en nombre de una democracia plena y profunda en nuestro continente. Apoyamos el establecimiento de nuevos derechos y por eso consideramos que el proceso de unificación es un paso necesario e importante para promover estos derechos a escala europea. El Tratado constitucional está bloqueado y políticamente muerto.

De ahí la importancia que tiene para nosotros la victoria del NO! Fue un voto de izquierdas, positivo para la integración europea y decisivo contra el mercantilismo neoliberal. Pero no podemos olvidar que la crisis que esta victoria ha abierto en las clases dirigentes pueda dar lugar a una situación de riesgo para la democracia.

Nosotros queremos lanzar un proceso realmente democrático. Este proceso debería permitir una participación amplia y democrática de los europeos, enlazando el Parlamento europeo con los parlamentos nacionales y regionales y consultando con las organizaciones populares, con un claro mandato de elaborar el borrador de un texto de derechos fundamentales que puedan ser posteriormente sometidos a referéndum.

En Europa está creciendo un sentimiento de oposición a los gobiernos, como las últimas elecciones europeas mostraron, y un choque entre las elites y el pueblo. Nosotros, como Partido de la Izquierda Europea, contribuiremos activamente a desplegar un amplio debate público sobre el futuro de Europa y sus sociedades. Conjuntamente con esto, apoyamos la propuesta que han hecho organizaciones y movimientos dentro del Foro Social Europeo para establecer una ronda con representantes de movimientos sociales, partidos de izquierda y organizaciones, así como con las fuerzas sociales interesadas, tales como de la cultura o los medios de comunicación, para tener una amplia discusión sobre alternativas concretas,

Las políticas neoliberales y antisociales han abierto nuevos espacios para la formación de la extrema derecha. Es una alarma que cruza toda Europa, en diferentes formas pero siempre caracterizada por la xenofobia, la islamofobia, el antisemitismo, populismo y violencia. Entre estas formaciones hay grupos neonazis y neofascistas, pero también formaciones que ocupan responsabilidades en los gobiernos.

El fortalecimiento activo de las estructuras de la sociedad civil contra las posiciones de la extrema derecha, contra el nacionalismo reaccionario, la exclusión, la discriminación y la intolerancia y a favor de la integración y de la diversidad cultural y social es una contribución esencial para nosotros y para la generación de más democracia. Seguiremos luchando contra todas aquellas posiciones que recorten o rebajen los derechos fundamentales, la libertad, la igualdad, la división de poderes o la igualdad de participación democrática, tal como hace la derecha reaccionaria y xenófoba de toda Europa. Seguiremos luchando contra ella con toda nuestra determinación. En esta idea continuaremos ampliando alianzas democráticas.

Hemos apoyado la ampliación y la integración de Europa.

Hemos saludado la entrada de ocho Estados del Este y Centro de Europa en la UE, así como la entrada de Malta y Chipre, ya que pensamos que el espacio político europeo no se detiene en las fronteras de los antiguos bloques del Este y Oeste. También hemos sido testigos de que el proceso de adhesión no ha sido usado para revisar las prácticas y la lógica política y social de la integración europea. No se han dado pasos decisivos para garantizar las condiciones de trabajo y producción en los estados miembros. La Unión Europea aún mantiene un gran Mercado único para la circulación de capitales y mercancías y de cada vez más servicios, mientras que no pueden hacerlo las llamadas fuerzas de trabajo e inmigrantes (hombres y mujeres) y no pueden y no se les permite que se muevan libremente.

El proceso de unidad europeo solo será posible si se desarrolla su potencial democrático, si tiene como objetivo condiciones de vida similares y si sale de la lógica del mercado económico regional. Se hace necesario implementar estándares mínimos comunes en los ámbitos social, ecológico y democrático. En ello debe basarse las futuras ampliaciones de la UE, así como en la cooperación de todos los países europeos.

Damos la bienvenida a la posible entrada de un país predominantemente islámico que consideramos parte del área cultural europea. Así, apoyamos la adhesión de Turquía a la UE, pero consideramos necesario que Turquía respete sus obligaciones y compromisos hacia la UE y la legislación internacional, incluida la solución del problema de Chipre sobre las bases de las resoluciones de la ONU, respetar los derechos democráticos y humanos y resolver, democráticamente, el problema con la población kurda.

Una de las pruebas más duras para la construcción de la democracia en Europa es ver si somos capaces de ganar la ciudadanía plena de derechos para los inmigrantes. Millones de personas viven ilegalmente en la Europa de hoy y a menudo son víctimas de una explotación sin escrúpulos. Ellos necesitan la perspectiva de un estatus legal. Para construir la democracia en Europa necesitamos luchar contra el tráfico de personas. Las causas de este tráfico hay que buscarlas en la pobreza de la que proviene la mayoría de sus víctimas. Todos los países deberían firmar y ratificar la Convención Internacional sobre Protección de los Derechos de los inmigrantes y sus familias y ratificar el protocolo de Palermo. El PIE apoya las políticas de asilo y migración sobre las bases los más altos niveles de respecto a los derechos humanos.

Europa tiene la capacidad de implementar políticas concretas para acoger a los inmigrantes y mostrar respeto por todos aquellos que dejan sus lugares de origen por motivos económicos y por aquellos que huyen de la guerra y de los conflictos, y para desarrollar políticas en la que se base una nueva idea de ciudadanía. Por eso apoyamos la campaña para extender la ciudadanía para todos aquellos que viven en el territorio de la Unión Europea.

Una amplia harmonización de las políticas de asilo e inmigración, sobre las bases de estándares de derechos humanos consistentes, así como la misma política de integración aplicable a lo largo de toda Europa, que excluya la posibilidad del abuso de la inmigración por dumping social y salarial y concederles los mismos derechos, allanará el camino hacia este fin. Condenamos firmemente las prácticas inhumanas adoptadas por la mayoría de los gobiernos europeos: el rechazo de inmigrantes, expulsándoles fuera de las fronteras y estableciendo centros de detención para los llamados “inmigrantes ilegales”. Nosotros creemos que ningún ser humano puede ser calificado de “ilegal” y que la integridad y la protección humana deben ser garantizadas por las instituciones del Estado.

Combatimos también el racismo y la xenofobia, que se han visto incrementados en los últimos años. Todas las formas de discriminación contra aquellos que son “diferentes” son crímenes contra la humanidad. Nos oponemos sin condiciones a la xenofobia, al antisemitismo y rechazamos cualquier campaña contra el Islam en un intento de crear el llamado “choque de civilizaciones”.

Consideramos que las libertades individuales y los derechos civiles son parte esencial de nuestra acción política. Esas libertades se basan en ideas fundamentales, incluido el laicismo que debería consagrarse como un principio fundamental porque es un valor universal que permite evitar influencias antidemocráticas que dominan en todas las sociedades, así como refutar la discriminación religiosa y los extremismos.

En los últimos años, los derechos democráticos y civiles han estado bajo un feroz ataque. La formación de un área judicial única y la orden de arresto europeo han establecido límites incontrolables y agobiantes, están al límite de derechos y libertades civiles.

De la misma forma, el acuerdo de la UE sobre “asistencia judicial y extradición”, así como la abolición de la confidencialidad de las comunicaciones de los ciudadanos, son medidas excesivamente restrictivas de las libertades y los derechos. La seguridad y la libertad individual no son nociones antagónicas y deberían avanzar paralelamente.

EJE 4 - CONSTRUYENDO ALIANZAS

La verdadera novedad de este inicio de siglo ha sido el nacimiento de un nuevo movimiento y su capacidad de convertirse en un impulsor colectivo. Ha hablado al mundo de una nueva posibilidad de transformación. La tarea que tiene la Izquierda Europea debe ser comprender la naturaleza de estos nuevos movimientos y prepararnos para asimilar los recursos que han generado con el propósito de contribuir a la construcción de una idea general de reforma de la política y de su relación entre políticos y los protagonistas sociales. Al mismo tiempo, con una conexión que no es sólo temporal, las dramáticas consecuencias de la globalización capitalista que afecta a toda la población, han surgido hoy como una clara evidencia. Ambas cosas, una vez más, traen el tema de la trasformación de la sociedad de nuevo sobre la agenda. Este tema también ha sido puesto de manifiesto subjetivamente por la creciente conciencia de parte de los movimientos y puede resumirse en la formula usada por los foros sociales: “otro mundo es posible”. El problema ha sido por tanto expuesto, pero no resuelto. Se ha abierto otro escenario: la profundización de la crisis económica y social y la guerra que precipita un choque de civilizaciones, e incluso a una crisis de civilización. La incertidumbre domina nuestra era, la alternativa entre “socialismo o barbarie” no es algo fuera de nuestro tiempo.

Tenemos que cooperar con muchos otros, no solo con partidos políticos o fuerzas sociales. La intuición para crear la Izquierda Europea fue muy acertada y se demostró al ser la única fuerza política europea que dijo No al tratado constitucional. Tenemos que hacer crecer el Partido de la Izquierda Europea y avanzar una propuesta de cooperación con todas las fuerzas comprometidas en combatir las políticas neoliberales en Europa. Izquierda Europea necesita desarrollar convergencias con todos los sectores que se movilizaron contra el Tratado Constitucional sobre sus convicciones europeas, y estimular el diálogo y el debate político con todos aquellos que han apoyado críticamente el Tratado Constitucional y que reconocen que hoy la totalidad del proceso ha fracasado. El PIE debe esforzarse, por lo tanto, en maximizar estas convergencias que potenciarán la ambición política de una refundación social y democrática de Europa.

Por este motivo apoyamos la propuesta presentada en la reunión internacional de Paris del 24 de junio para reabrir un proceso de nueva orientación en el desarrollo de la Unión Europea y en las políticas de los países europeos, introduciendo una campaña de recogida masiva de firmas en toda Europa. Participaremos en un amplio movimiento ciudadano para elaborar un manifiesto o una carta de derechos políticos y sociales que los que encaje la Europa que queremos. Queremos que este nuevo movimiento se convierta en una parte consistente del Foro Social Europeo – en la perspectiva concreta del 5º FSE en Atenas- así como de las conclusiones de la primera experiencia de su reunión, organizada en octubre en Florencia.

Nuestra idea de Europa tiene que nacer de la izquierda y del pueblo. De los dos. Ambos somos imprescindibles en la construcción de un movimiento de lucha europeo, con todos los movimientos, con grandes campañas de lucha social y de paz para derrotar al neoliberalismo en nuestro continente y abrir la esperaza por una Europa de justicia social.

Nuestra tarea es contribuir a generar una mayoría popular de izquierdas y social que es y debe ser más grande que nosotros: con otros partidos políticos, con el Foro Social Europeo y los movimientos sociales, con los ecologistas, las feministas, los sindicatos, asociaciones populares y con personas libres. Una mayoría popular de izquierdas crecerá con alianzas y convergencias con todos aquellos que quieran construir con nosotros otra Europa. Es nuestro compromiso.

Nosotros, los miembros y amigos de la Izquierda Europea queremos manifestar, una vez más, nuestra solidaridad activa con todos aquellos pueblos, movimientos y personas que sufren las consecuencias injustas y devastadoras de la globalización capitalista y nuestro compromiso de cooperación con todos aquellos que luchan por un mundo justo.

Juntos podemos hacerlo

¡Sí, podemos cambiar Europa!