Con motivo del Día Mundial del Agua, el próximo 22 de marzo, el Área
Federal de Ecología y Medio Ambiente de IU recuerda que la nueva cultura
del agua reclama el principio de la recuperación de costes, incluidos los
costes ambientales y los relativos a los recursos, en todos los servicios
relacionados con el agua, según recoge, además la Directiva marco del Agua
de la Unión Europea.
Sin embargo, el Gobierno de España, en la Conferencia Internacional sobre
"Escasez de Agua y Sequía", organizada por el Ministerio de Medio Ambiente
y Medio Rural y Marino dentro la Presidencia de la Unión Europea, y que
tuvo lugar en Madrid en el Palacio de Congresos durante los días 18 y 19
de febrero 2010, trató inútilmente de justificar ante la Comisión Europea
el incumplimiento español de la mayoría de los objetivos, normas y
mandatos establecidos por la Directiva Marco de Agua, como son la
presentación de los Planes Hidrológicos de las Demarcaciones Hidrológicas
en el plazo previsto, el alcanzar los objetivos de calidad establecidos en
la Directiva para las aguas superficiales y subterráneas, o la
recuperación de costes en todos los servicios relacionados con el agua, y
muy especialmente en el caso del regadío. En España el agua empleada en la
agricultura se paga a precios situados por debajo del coste de obtención y
en muchas zonas el agua de riego es prácticamente gratis, generando un
derroche inaceptable.
En la citada conferencia, el Gobierno General del Estado realizó una
auténtica apología del regadío en España, ensalzando las "virtudes" para
enmascarar y ocultar sus problemas e inconvenientes. Al tiempo, pretendía
justificar la realización de todo tipo de obras públicas como único medio
para paliar los efectos de la sequía.
Ecologistas en Acción, por ejemplo, tuvo que protestar porque la presencia
ecologista entre los ponentes fue testimonial, tan sólo una persona de las
38 incluidos en el programa. Y, además, a esa representante de las
organizaciones ambientales se le impidió, por parte de la organización,
participar en la mesa redonda donde estaba prevista su intervención.
El Área Federal de Ecología y Medio Ambiente de IU reclama al Gobierno un
giro a la izquierda de la actual política hidráulica, para avanzar hacia
una gestión más racional y medioambiental del agua donde se rechace la
construcción de nuevos trasvases y grandes embalses.
El Día Mundial del Agua, fue instituido por la Asamblea General de la
Organización de las Naciones Unidas, en su resolución número 47 de 1993,
con el objetivo de promover entre los pueblos, la conciencia de la
importante contribución que representa el aprovechamiento racional de los
recursos hídricos al bienestar social, así como su protección y
conservación, con respecto a la productividad económica y las generaciones
futuras. Y sin embargo, la actitud del Gobierno de España impulsando el
consumo irracional, nos conduce a que millones de personas vean peligrar
su vida por falta de agua de calidad para atender las necesidades básicas.
Izquierda Unida de Asturias, en colaboración con asociaciones ecologistas
asturianas lleva años luchando contra el proyecto del Embalse de Caleao,
enclavado en el Parque Natural de Redes, que forma parte de la Red Natura
2000 como Lugar de Importancia Comunitaria desde 1997 y es Zona de
Especial Protección para las Aves desde 2003. La construcción del embalse
de Caleao vulneraría los objetivos esenciales que persiguen todas estas
fórmulas de protección ambiental. El embalse afectaría a zonas de gran
valor natural y biodiversidad como los bosques de ribera, así como a
especies animales protegidas como el urogallo cantábrico, el alimoche, el
desmán ibérico, el oso pardo cantábrico y el lobo ibérico. También
supondrá la pérdida del acervo cultural mantenido por el mundo rural, ya
que se inundaría ocho aldeas de los núcleos de Caleao y de La Felguerina.
Hablamos de este embalse ahora, porque aunque, en su momento, la
Plataforma para la Defensa del Parque Natural de Redes contribuyó
decisivamente a frenar la construcción del embalse, tras un arduo trabajo
de movilización social y política, logrando que las denuncias llegaran al
Parlamento Autonómico Asturiano, a la Mesa del Parlamento Español y a la
Comisión Europea, de nuevo vuelven a sonar los anuncios de la necesidad de
construir este embalse por parte de la viceconsejera de Medio Ambiente del
Gobierno de Asturias y la puesta en marcha, de nuevo, de los trámites
necesarios, tratando de justificarse con el abastecimiento de agua a la
zona centro de Asturias y con la generación hidroeléctrica.
Incluso para esos usos existen medidas alternativas a la construcción del
embalse, como el acondicionamiento de las redes de suministro y
canalizaciones que pierden alrededor de un 40 por ciento de agua,
instalación de circuitos separados de agua para facilitar su
reutilización, junto a la posibilidad de utilizar aguas subterráneas sin
dañar los ecosistemas.
Estos ejemplos próximos a nuestra cotidianeidad, no nos hace olvidar que
grandes corporaciones mercantiles han pasado a controlar el agua en gran
parte del planeta y que se vislumbra una concentración de empresas
privadas capaz de alcanzar en pocos años el control monopólico de casi el
75 por ciento de este recurso vital. El embotellamiento del agua, sin ir
más lejos, es un negocio que supera en ganancias a la industria
farmacéutica.
Las grandes corporaciones buscan por todos los medios, incluida la guerra,
el apropiarse de los recursos estratégicos y necesarios para su desarrollo
y expansión. Y así constatamos guerras por el petróleo, guerras por el
agua, guerras por las tierras fértiles,. que muestran el sentido de la
globalización económica con la pretensión de asegurar el funcionamiento
del modelo capitalista.
Se calcula que, en promedio, un ser humano necesita diariamente un mínimo
de 50 litros de agua para beber, cocinar, lavar, cultivar alimentos y
saneamiento. Una persona que habita en EEUU consume entre 250 y 300 litros
de agua diarios, mientras que en Somalia se sobrevive con menos de 9
litros diarios, como media.
El agua es mucho más que un recurso natural aprovechable, es un bien
público, una parte integrante del paisaje y un elemento fundamental para
el soporte de la vida y los ecosistemas.
La nueva cultura del agua basa sus raíces en dos principios esenciales,
por un lado en aprovechar racionalmente este recurso natural,
conservándolo como patrimonio, y por otro lado gestionarlo con criterios
de control de la demanda y no con políticas de incremento permanente de la
oferta a cargo del tesoro público.