"¿Crisis de la política o de ésta política?", artículo de Ramón Luque

Llevamos un tiempo definiendo con claridad los contornos de la crisis del país. Me refiero, no ya a la más evidente (la económica) , sino que también ha ocupado el análisis y la propuesta de I.U., la crisis del modelo de Estado surgido de la transición, la preocupante pérdida de representatividad de las referencias políticas, la del sistema de partidos mismo, la crisis del modelo cultural, la quiebra del referente europeo, la generalizada pérdida de valores morales que hasta no hace mucho fueron patrimonio de amplias capas sociales más allá de lo que nosotros somos y representamos. Y así podríamos continuar.

 

Sí. La herida de neoliberalismo, aquí y ahora, es más profunda y evidente de lo que quisiéramos.

 

¿Cuándo empezó todo, o casi todo? Quizás no supimos ver la hondura del proyecto de Aznar: lo que se presentó como regeneración sobre el felipismo no era otra cosa que subirse a la grupa del neoliberalismo para devastar todos los referentes de la izquierda desprestigiada ya, arrasarla resultó más fácil. No nace, pero ahí se proyecta y acentúa el proceso de oligarquización política que hoy se nos muestra tan evidente.

 

Y ahí es, a su vez, donde se resalta más que no se precisó de discontinuidad real del proyecto del PP respecto del felipismo (no era necesario romper, sino acentuar), y donde se evidencia que los 6 años de ZP han dejado las cosas, en lo fundamental, donde estaban. 

 

Estas semanas de profunda crisis económica pero también de corrupción generalizada del PP (con la trama Gurtel y sin ella), de juicios a la memoria histórica mediante el procesamiento a Garzón; de desmadre del Tribunal Constitucional, etc., quizás estén revelando que ante lo que estamos es ante una crisis, en lo esencial, política.

 

¿No será que lo que hace aguas es, lisa y llanamente aspectos sustanciales del  pacto de la transición? Veamos.

 

El estado “social y democrático de derecho” no sólo no avanza sino que sufre evidentes retrocesos. La política económica, antes y ahora, sirve para que cada vez menos controlen más y el derecho al trabajo, por ejemplo, sea un deseo, literalmente… No lo pactamos.

 

Las libertades políticas que tanto costaron, se restringen más y más por el sencillo procedimiento de hacerlas formales, controladas por una oligarquía financiero-politico-mediática o pervertirdas mediante un sistema electoral preconstitucional… No lo pactamos

 

La España de los pueblos, abierta, solidaria entre ellos, federal e igualitaria, se ha transmutado en una España cañí,que Aznar aupó y que el PSOE es  incapaz de cuestionar… No lo pactamos

La aconfesionalidad de Estado y el laicismo deja mucho que desear. El Concordato tiene en el PSOE un doberman que en nada desmerece al pitbull del PP... No lo pactamos.

 

La Monarquía y su blindaje… pero ¿y sus privilegios, su opacidad?… No lo pactamos.

 

En una Constitución que fue pionera de la introducción del “tema verde”… ¿pactamos la nuclearización del país y la destrucción de su medio natural?… No, no lo pactamos.

 

¿Pactamos acaso  un Estado débil, unos ayuntamientos raquíticos y subalternos, unos medios de comunicación en manos de unos pocos, en contra del interés general, embrutecedores y precursores del berlusconismo -por cierto ,ya en casa-?... No sólo no lo pactamos sino que la Constitución  mandata todo lo contrario.

 

 

A lo que asistimos es, sin más, a una verdadera restauración política como el instrumento más potente y preciso para el logro del interés de la oligarquía financiera y económica y el despliegue del neoliberalismo en nuestro país. No entenderíamos nada, si no viéramos que una y otra cosa se retroalimentan.

 

Y se hace con la ofensiva, el descaro y la agresividad de la derecha del PP o  la renuncia, el acomplejamiento y la “desaparición en combate” del PSOE en esos pilares básicos de la política (con mayúsculas) que hemos citado. Es una verdadera convergencia política neoliberal de los dos grandes.

 

No nos podemos extrañar entonces, de que la gente, más que “pasar” de la política esté irritada con los políticos. Hay razones: una no menor es que casi un 70% de la gente ya no vivió esa transición y le achaca las debilidades estructurales de nuestro sistema política; otra es que ese sistema de 2ª Restauración (Borbónica también, por cierto), no da salida ni a los problemas reales de hoy, ni a los anhelos de un futuro diferente. Así que es necesario salir de la disyuntiva de los nuevos Cánovas y Sagastas.

 

La distancia con la política o la política como problema (véase datos del CIS), es, para mi, rechazo a ésta política, a los límites de la misma: La gente lo que pide a gritos aquí y en Europa es otra política. Lo que sueña, quizás, es que vuelva LA POLÍTICA. Hace unos días, Luís García Montero lanzaba un interrogante que es medular. Decía: “El espectáculo de una Europa sin Estado real, sin peso político y volcada según los intereses neoliberales en la liquidación de los espacios públicos, exige una reformulación del pensamiento democrático. ¿Qué podemos hacer para devolverle a la política su protagonismo? Esa es la pregunta republicana.

 

Izquierda Unida debe tener Programa y alternativas ante la crisis. Sin duda las tiene. Propuestas, como hemos visto, frente a los principales problemas democráticos del país. No es poco lo que hacemos y lo que hemos avanzado. Pero debe ir más allá. Ya nuestra tarea es, también, concluir en recrear un nuevo horizonte democrático para el país.

 

Eso tiene que ver mucho con nuestra Refundación como organización .Que debe ser ante todo política .Y que demandará de cambios, sí. Cambiar  nosotros. Justamente nosotros, para que todo cambie.

 

 

Ramón Luque

Secretaría de Coordinación de Grupos Parlamentarios